Con amor... Julieta.
Para empezar a cambiar el mundo... (desde adentro hacia afuera)
Honra el pasado pero saluda al futuro (y sacúdete la muerte bailando)
Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, pero al entrar tu risa sube al cielo buscándome y abre para mi todas las puertas de la vida. Amor mío, en la hora más oscura desgranatu risa, y si de pronto ves que mi sangre mancha las piedras de la calle, ríe, porque tu risa será para mis manos como una espada fresca. Junto al mar en otoño, tu risa debe alzar su cascada de espuma, y en primavera, amor, quiero tu risa como la flor que yo esperaba, la flor azul, la rosa de mi patria sonora. Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca porque me moriría.
con solo mirarme, me liberas. Aunque yo me haya cerrado como un puño, siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser, como la primavera abre con un toque diestro y misterioso su primera rosa. o si deseas cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos hermosa, súbitamente, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve cayendo cuidadosa por doquier. nada que hayamos de percibir en este mundo iguala la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya texturame somete con el color de sus campos, retornando a la muerte y a la eternidad con cada respiro. Ignoro tu destreza para cerrar y abrir pero, cierto es que algo me dice que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas… nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder las llaves de las puertas, la horas malgastadas. El arte de perder no es muy difícil. Después intenta perder lejana, rápidamente: lugares, y nombres, y la escala siguientede tu viaje. Nada de eso será un desastre. Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron la última o la penúltima de mis tres queridas casas. El arte de perder no es muy difícil. Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso reino que era mío, dos ríos y un continente. Los extraño, pero no ha sido un desastre. Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto que amo) me podré engañar. Es evidente que el arte de perder no es muy difícil, aunque pueda parecer un desastre.